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Hyacinth lo miró boquiabierta cuando él hincó una rodilla en el suelo.
— ¿Qué haces? —chilló, mirando nerviosa a uno y otro lado de la calle. Seguro que lord Saint Clair los estaba observando, y a saber quién más—. Nos verá alguien —susurró.
—Van a decir que estamos enamorados —dijo él, sin la menor preocupación.
— Esto…
Santo cielo, ¿cómo podía discutir eso una mujer?
— Hyacinth Bridgerton —dijo él, cogiéndole la mano—, ¿quieres casarte conmigo?
Ella pestañeó, desconcertada.
— Ya te dije que sí.
— Sí, pero como dijiste, no te lo pedí por los motivos correctos. La mayoría de los motivos eran correctos, pero no todos.
Ella quiso decir algo, pero se le atragantaron las palabras, por la emoción.
Él la estaba mirando, con sus ojos azules brillantes y transparentes a la tenue luz de las farolas.
— Te pido que te cases conmigo porque te amo, porque no puedo imaginarme la vida sin ti. Deseo ver tu cara por la mañana, por la noche y cien veces entre medio. Deseo envejecer contigo, deseo reír contigo, y deseo suspirar ante mis amigos quejándome de lo mandona que eres, sabiendo secretamente que soy el hombre más afortunado de la ciudad.
—¿Qué?
Él se encogió de hombros.
— Un hombre debe guardar las apariencias. Todos me detestarán si se dan cuenta de lo perfecta que eres.
— Ah.
¿Cómo puede discutir eso una mujer?
Entonces los ojos de él se pusieron serios.
— Deseo que seas mi familia. Deseo que seas mi esposa.
Ella simplemente continuó mirándolo. Él la miraba con un amor y una ternura tan evidentes que no sabía qué hacer. Ese amor parecía rodearla, envolverla, abrazarla, y comprendió que eso era poesía, eso era música.
Eso era amor.
Él le sonrió y lo único que pudo hacer ella fue sonreírle también, vagamente consciente de que las lágrimas le resbalaban por las mejillas.
—Hyacinth —dijo él—. Hyacinth.
Ella asintió, o al menos le pareció que asentía.
Él le apretó la mano y se incorporó.
— Nunca me imaginé que tendría que decirte esto, a ti, pero por el amor de Dios, mujer, ¡di algo!
—Sí —dijo ella, arrojándose en sus brazos—. ¡Sí!

Por un beso (Bridgertons #7) - Julia Quinn

Hyacinth y Gareth

Está sin dudas fue la mejor propuesta de matrimonio de todos los libros Bridgertons hasta el momento. Hyacinth y Gareth son perfectos el uno para el otro, y su libro es simplemente hermoso, lleno de humor, ternura y amor. Ambos personajes son geniales, es imposible no adorarlos. 

El vestido cayó al suelo antes de que llegaran a la cama, por lo que ya estaban piel con piel antes de que el cuerpo de él cubriera el de ella. Encontraba algo fascinante en estar debajo de él, sintiendo su fuerza, su poder. Él podía dominarla si quería, incluso hacerle daño, y sin embargo en sus brazos se convertía en el más valioso tesoro.
Empezó a acariciarla, deslizando las manos por todo su cuerpo, dejándole una estela ardiente en la piel. Ella sentía cada caricia hasta el fondo de su ser. Él le acariciaba un brazo y ella la sentía en el vientre; le acariciaba el hombro y ella sentía un hormigueo en los dedos de los pies.
La besaba en los labios y le cantaba el corazón

Por un beso (Bridgertons #7) - Julia Quinn

Hyacinth y Gareth

— Te amo —dijo.
— Me amas, ¿verdad? —musitó él, y ella comprendió que él estaba tan sorprendido como ella por ese milagro.
— A veces te voy a sacar de quicio.
Él se encogió de hombros, esbozando su sonrisa sesgada.
— Me iré a mi club.
— Y tú me vas a sacar de quicio a mí.
— Puedes ir a tomar el té con tu madre. —Le cogió una mano y con la otra le rodeó la cintura, de modo que quedaron unidos como en un vals—. Y esa noche lo pasaremos maravillosamente, besándonos y pidiéndonos perdón.
— Gareth —dijo ella, pensando si esa no debería ser una conversación más seria.
—Nadie ha dicho que debamos pasar juntos todos los momentos de vigilia —continuó él—, pero al final del día —se inclinó a besarle cada ceja— y la mayor parte del tiempo durante el día, no hay nadie a quien prefiriera ver, nadie cuya voz prefiriera oír y nadie cuya mente prefiriera explorar. —Entonces la besó en la boca, un beso largo, profundo—. Te amo, Hyacinth Bridgerton, y siempre te amaré.

Por un beso (Bridgertons #7) - Julia Quinn

Hyacinth y Gareth

— Te amo —dijo, logrando por fin elevar la voz más allá de un susurro. Se giró a mirarla, con el corazón y el alma en los ojos—. Te quiero.
Ella pareció desconcertada por su repentino cambio de actitud, pero al final simplemente sonrió, como si estuviera a punto de echarse a reír. Era el tipo de expresión que pone la persona cuando es tan grande su felicidad que no puede contenerla dentro.
Gareth deseó que ella resplandeciera así todos los días, todas las horas, todos los minutos.
— Yo también te amo —dijo ella.
Él le cogió la cara entre las manos y la besó en la boca, una vez, profunda, profundamente.
— Lo digo en serio —dijo—, te amo, de verdad.
Ella arqueó una ceja.
— ¿Es esto una competición?
— Es lo que tú quieras —prometió él.

Por un beso (Bridgertons #7) - Julia Quinn

Hyacinth y Gareth

— ¿Te quedarás callada? —le preguntó él, sonriéndole.
Ella asintió.
Él hizo como que lo pensaba.
— No te creo.
Ella se plantó las manos en las caderas, con lo que seguro que quedó en una posición ridícula, puesto que estaba desnuda de la cintura a la cabeza.
— De acuerdo —convino él—, pero las únicas palabras que permitiré que salgan de tu boca serán «Oh, Gareth», «Sí, Gareth».
Le quitó el dedo de la boca.
—¿Y «Más, Gareth»?
Él lo intentó, pero no consiguió mantener seria la cara.
— Eso será aceptable.
Ella sintió subir la risa, burbujeante, por dentro. No hizo ningún sonido, pero la sintió de todas maneras, esa sensación tonta, que le hormigueaba y revoloteaba por el vientre. Y la maravillaba. Estaba muy nerviosa, o no, lo había estado.
Él le había quitado el nerviosismo.
Y comprendió que todo iría bien. Tal vez él había hecho eso antes. Tal vez lo había hecho cientos de veces, con mujeres cien veces más hermosas que ella.
Pero eso no importaba. Él era el primero para ella, y ella la última para él.

Por un beso (Bridgertons #7) - Julia Quinn

Hyacinth y Gareth

Había hecho eso varias veces, cuando era escolar y estaba de vacaciones en casa. La pared era de piedra, por lo que había lugares rugosos y salientes lo bastante anchos para afirmar el pie. A eso se sumaba la saliente puntiaguda que podía coger con la mano…
Tardó menos de veinte segundos en estar dentro.
— Estoy admirada —comentó Hyacinth, asomándose a mirar por la ventana.
— Admiras cosas raras —dijo él, limpiándose el polvo.
— Cualquiera puede traer flores —dijo ella, encogiéndose de hombros.
— ¿Quieres decir que lo único que necesita hacer un hombre para conquistar tu corazón es escalar una casa?
Ella volvió a mirar por la ventana hacia el suelo.
— Bueno, tendría que ser algo más alto que esto. Hasta la primera planta, como mínimo.

Por un beso (Bridgertons #7) - Julia Quinn

Hyacinth y Gareth

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